Pasé el fin de semana en la ciudad francesa de Montpellier. Paseé con Kusik por las estrechas calles francesas, impregnadas del aroma del pan recién horneado, croissants, café y, sorprendentemente, kebab. En un día soleado, la ciudad se vuelve especialmente agradable: la luz juega en las fachadas antiguas, los músicos callejeros interpretan melodías suaves y el aire matutino llena de energía.
Sin embargo, el desayuno en el hotel donde me hospedé me decepcionó. El ambiente era sombrío. En la entrada, me recibió una mujer que no hablaba ni inglés ni español, y no pudo responder a mi pregunta sobre si servían salmón en el desayuno. Sin embargo, insistió con tenacidad en conocer mi número de habitación para incluirlo en la cuenta. La interacción no salió bien, así que decidí buscar un lugar mejor.
Mi elección recayó en el hotel Pullman. En la entrada pregunté por el precio del desayuno; me pareció un poco elevado, pero, fiel a mi estilo, hice una broma: «Bueno, seguramente debe ser un desayuno excelente». Acepté y me llevaron a la terraza, donde estaba el restaurante con una vista panorámica de la ciudad.
Desayuné como de costumbre: avena, una generosa porción de salmón, pan de salvado con guacamole, alcachofas y, por supuesto, una taza de buen café. No solo fue delicioso, sino también nutritivo y equilibrado, una verdadera inversión en el día que apenas comenzaba.
Durante la comida, mis pensamientos volaron hacia una persona: un visionario llamado David, a quien conozco por trabajo. Este hombre ha fundado varias empresas de renombre y es un experto mundial en tecnologías de inteligencia artificial. Pero además de eso, escribió un libro sobre su sistema de alimentación, que él mismo denomina «El sistema de alimentación de David». No mencionaré su apellido, pero no es difícil adivinar de quién se trata.
Reflexioné sobre lo interesante que es su enfoque. Ha analizado en detalle el impacto de los alimentos en el cuerpo y ha desarrollado su propia metodología, en la que la nutrición no es solo una necesidad, sino una herramienta para mantener una alta productividad, claridad mental y estabilidad emocional. Su sistema es excelente, pero me parecía que podía mejorarse y ampliarse. Optimizarlo de tal manera que la alimentación no solo influya en la salud física, sino también en las capacidades cognitivas. En cierto sentido, esto me recordaba a la programación: si imaginamos el sistema de David como una clase, podríamos crear una clase heredada, redefinir parámetros clave y agregar nuevos métodos para hacer el resultado aún más efectivo.
Después de todo, lo que comemos (y bebemos) en última instancia nos define.
Sin duda, este no fue solo un desayuno. Fue una carga de energía, pensamientos, ideas: combustible para un nuevo día.